CAPÍTULO 5: El nombramiento

El mundo había sido testigo de muchos prodigios, pero ninguno como el de Luna. Su existencia desafiaba toda lógica, y su sola presencia parecía irradiar una energía imposible de ignorar. Conforme pasaban los años y su caso se hacía más conocido, las especulaciones sobre su naturaleza trascendental crecieron sin control. No importaban los análisis científicos ni los estudios detallados sobre su biología; lo que la gente veía en ella era algo mucho más grande.

Fue entonces cuando se tomó la decisión. En una ceremonia transmitida en vivo, donde líderes espirituales, científicos de renombre y figuras de distintas creencias se reunieron en un mismo lugar, se hizo oficial: Luna fue nombrada como un «Ser Único en el Mundo». No era solo una joven con habilidades especiales, no era solo un misterio sin resolver, era una entidad divina en los ojos de muchos. Las palabras que se pronunciaron aquella noche quedaron grabadas en la historia: “Un milagro camina entre nosotros, un puente entre lo humano y lo sagrado.”

La multitud enardecida la vitoreó, arrodillándose ante ella, pidiendo su bendición, rogando por un milagro. Historias sobre sanaciones inexplicables comenzaron a circular: enfermos terminales aseguraban haber recuperado la salud tras verla de cerca, otros afirmaban que sus deseos más profundos se habían cumplido después de una simple mirada suya. Sin importar qué tan reales fueran estos relatos, el fervor creció como un incendio imposible de controlar.

Pero con la devoción vino el peligro. La seguridad alrededor de Luna se volvió impenetrable. Se creó un círculo de protección a su alrededor, un equipo de expertos y guardianes que se aseguraban de que nadie se acercara sin autorización. Cada movimiento estaba calculado, cada persona que quería verla debía pasar por filtros imposibles de superar. Ella ya no era libre. Ahora era un símbolo, un milagro viviente rodeado de muros invisibles.

Mientras tanto, Alexander observaba desde la distancia. Su corazón latía con desesperación cada vez que veía su rostro en las noticias, cada vez que escuchaba su nombre en los labios de miles de seguidores. Lo que antes era un vínculo puro y sin barreras, ahora se convertía en una prisión de cristal. Él sabía que la única forma de alcanzarla era entender el mundo que la rodeaba, las fuerzas que la protegían, y los misterios que la hacían especial.

Así que se sumergió en el conocimiento más oculto. Durante los años siguientes, se convirtió en un estudioso de las ciencias ocultas, en un maestro del misticismo, en un experto en la supraconciencia del ser humano. No era suficiente con desear verla, tenía que encontrar el camino para hacerlo posible. Cada libro antiguo, cada enseñanza prohibida, cada técnica de expansión mental y espiritual, todo lo absorbía con un solo propósito: llegar a ella.

La distancia era su mayor enemiga, pero el amor y la determinación eran su mayor fuerza. Alexander estaba dispuesto a todo, incluso a cruzar las fronteras de lo comprensible, para volver a estar con Luna.

«Hay quienes esperan toda una vida ser nombrados… y otros, que sin aplausos, ya son eternos en silencio.»